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Archivo de la categoría: ¿Son caros los homeópatas?

Hahnemann, Las Cuotas, El Respeto y El Respeto a Uno Mismo

Por Vera Resnick

Traducción: Dr. Guillermo Zamora

thalerLas cartas expuestas en el volumen 2 de Richard Haehl’s Samuel Hahnemann: His Life and Work derraman mucha luz en cuanto a las opiniones de Hahnemann y las circunstancias de su práctica. Muchas de sus cartas muestran lo poco que ha cambiado hoy en día esa misma problemática con la que lidiamos, la cual a menudo impacta negativamente en nuestro trabajo. Un crudo tema en particular es el de las cuotas, ya que involucra tanto el respeto al homeópata como al arte, y a nuestro propio respeto como profesionales.

Usualmente somos bendecidos con muchos pacientes que aprecian el trabajo que ponemos en nuestros casos y el grado de estudio que ponemos para constantemente mejorar nuestras habilidades como homeópatas. Sin embargo, el problema de las cuotas es con frecuencia preocupante para los homeópatas, especialmente aquellos que van comenzando. Existen pacientes que esperan ser tratados por nosotros gratuitamente y luego no siguen las instrucciones por lo que no se les puede ayudar, algo que daña el nombre de la homeopatía y nuestra propia reputación. Están aquellos que demandan descuentos, diciendo que estamos para ayudar, y que por eso estamos obligados a hacerlo. Hay aquellos que sienten que somos demasiado caros (no importa lo que cobremos) y preguntan “¿Por qué cobra usted tanto?” La mayor parte de los Read the rest of this entry »

 

Nash: Reflexión del día

Extracto de “Cómo se debe repertoriar un caso para encontrar el similimum”  By Eugene Beauharnais Nash, 1908

Traducción de L. Arriaga

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Nash declara:

“Un antiguo proverbio (sancionado por Hahnemann,) dice que las enfermedades agudas tienden generalmente a curarse; las crónicas nunca. Hay mucha verdad en esta frase.

Solamente los verdaderos homeópatas son capaces de trabajar con éxito en tales casos.

El primer estudio de un caso muy difícil, para señalar con él el cambio que debe seguirse para el tratamiento, vale de 25 a 100 dólares.

Es muy raro que un caso se presente con tal claridad que una sola medicina baste para curarlo; siempre es necesaria una sucesión de medicamentos, siendo muy útiles las llamadas relaciones complementarias de unos remedios con otros para una acertada y provechosa aplicación.

Algunos dirán que no pueden comprometerse a pagar tal cantidad por un solo estudio del caso. Bien, es probable que éstos paguen más que los otros por un estudio hecho repetidas veces, porque no estuvo bien hecho desde un principio; y lo que es peor todavía podemos asegurar que no tendrán ninguna probabilidad de obtener cura. Muchas personas pasan su vida enfermizos; paliando síntomas o manifestaciones temporales de enfermedad, y habrían podido ser sanos y felices, si las hubieran tomado en cuenta desde un principio.

Es seguramente una ventaja pecuniaria para un médico, el hacer esta especie de composturas sin lograr una curación y ganar unos dólares. Es para él, o para algún compañero médico una “ganga” para toda la vida.

Si por acaso uno de los pacientes se cansa o se fastidia y recurre al Dr. A. otro de los clientes del Dr. A. recurrirá a él y así va y viene el buen trabajo. Los médicos son los únicos profesionistas de quienes se espera que hagan un trabajo importante por los mismos honorarios que por un trabajo insignificante.

No se les permite cobrar más por curar una tisis pulmonar u otra enfermedad crónica que necesite una semana de trabajo para lograr éxito, que por un simple caso de indigestión ocasionada por comer demasiado, caso que por sí sólo se hubiera curado.

El médico no puede, obrando en justicia consigo mismo y en justicia con la familia qué dé él depende, gastar el tiempo necesario para ello. La paga es la misma. Así es que el médico se desanima porque no es bien retribuido su trabajo y el enfermo porque no se mejora.

Los mayores charlatanes del mundo se enriquecen mucho más que cualquier instruido, apto y concienzudo médico con él uso del “Grand elleptical Asiatical Panticurial nervous cordials,” preconizado para curar todas las enfermedades  a que está sujeta la humanidad;

He aquí la razón de por qué hay poco estímulo para el médico y menos esperanza para las víctimas.  Clarividentes, Indios ignorantes, charlatanes y curanderos de todas formas y variedades “pregonan sus mercancías,”  y el verdadero médico contempla todo esto disgustado, pero sin poderlo evitar.

El común de las gentes tan ignorante en medicina como esos que se le imponen,  necesita ser engañado y lo es.

Si nos oponemos nos sale al encuentro esta pesadez “Ustedes se apuran porque necesitan el dinero que en el negocio hay en juego.” ¿Y qué es lo que buscan los charlatanes y embusteros?

En cambio existe también el lado brillante del cuadro; hay personas, y en buen número, que creen en el médico instruido, como creen en el hombre instruido en cualquiera otra profesión. Saben apreciar el estudio, tiempo, paciencia y molestias del médico honrado que trabaja para ellos y están prontos a pagarle. Si no fuera esto, la práctica de la medicina, medicina científica, sería un arte muerto.”

 

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