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Homeópata por Convicción

03 Jul

Eran los 1990s, y para entonces, el matriarcado de mi querida abuela materna, pesaba por mucho. Las opiniones de una familia de profesionistas triunfadores no eran para ignorar. Las sugerencias que llegaban a ser de carácter casi mandatorio como, “tú vas a ser un especialista de los buenos”, “ya especialízate para que me operes la nariz”, o “habías de estudiar ginecología, al cabo somos un montón de viejas”, se hacían más frecuentes al casi finalizar la carrera de medicina. Mientras tanto, yo, que había encontrado un libro llamado Organon en el librero de la casa perteneciente a mi madre, y que junto con mi familia habíamos atestiguado muchos buenos resultados con la homeopatía, pensaba en mi deseo de ser homeópata. Pero, ¿cómo iba a decepcionar a mi familia?

Después de las aulas en la facultad de medicina, llegó el internado y se fue un año de verdadero trabajo y humillación, con guardias de 36 horas, en las que también se aprendió mucho de buenos médicos, enfermeras y especialistas. Después vendría un año de servicio social, en una comunidad alejada, para ahora sí llegar al momento de la verdad; presentar el examen nacional de residencias médicas para poder hacer una especialidad médica. En aquellos días (no sé ahora), dicho examen estaba plagado de una corrupción de la que incluso se supo en las noticias en cadena nacional. El examen contestado era vendido al aspirante en una dinámica que, según rumores y los propios reportajes, consistía en recibir al aspirante en un departamento, la noche previa al examen, donde se le entregaba este examen ya contestado para ser estudiado y así memorizar las respuestas. Además, se rumoraba que otras plazas más eran “concesionadas” para que políticos influyentes las otorgaran a quienes ellos quisieran. De tal manera, que sólo quedaban algunas plazas disponibles para ser “peleadas” por la vía honesta por miles de aspirantes que en algunas especialidades se distinguían por su gran número y buena calidad como estudiantes. Muchos compañeros que eran buenos estudiantes jamás pudieron irse a la especialidad por no haber aprobado el examen. Es así, que por esta última vía me tocó aprobar en dos ocasiones el examen nacional; una para la especialidad de cirugía y otra para ortopedia.

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constancia

 

Constancia1

En cada una de estas residencias, mi estancia solamente fue de algunos meses. Siempre estaba el conflicto en mi mente de que tal o cual cosa (no todo) que estábamos operando tenía una solución con homeopatía. Finalmente, llegó el momento en que me llené de valor y decidí estudiar lo que tanto anhelaba. Efectué mi salida voluntaria de ambas residencias, y llegué muy animado con uno de los homeópatas más renombrados en mi localidad a quien le dije; “-Doctor, ya me decidí a estudiar homeopatía, dejé la especialidad para dedicarme de lleno a esto”; recuerdo perfectamente su mirada entre los vidrios de asiento de botella de sus gafas, abrió tremendos ojos, que de por sí ya se veían grandes, ahora con tanto aumento lo eran más. Por supuesto, que fue la primera vez que me dijeron “pendejo” con la pura mirada (pendejo en México, es estúpido, idiota). Después vendrían otros compañeros que sin tapujos me dirían frases como ésta: “¡pendejo!, nosotros no hemos podido irnos a la especialidad porque no hemos pasado el examen, y tu…”Por supuesto que algo que amortiguó mi ansiedad de consciencia fue el hecho de que en aquella época, las plazas que quedaban libres eran notificadas a quienes quedaban en lista de espera, por lo que la vacante no se perdía.

Mi proceso de estudio y cómo es que llegué a la genuina homeopatía, lo dejo narrado en el artículo “Por qué Boenninghausen”. Lo que puedo decir es que, bien o mal pero por convicción, además de haber dejado dos especialidades por mi deseo de estudiar homeopatía, después tuve que dejar montón de dinero y tiempo invertidos en cursos, postgrados, programas, libros, etc. para hacer un viraje en mi práctica homeopática, lo cual no significa nada cuando dejas atrás cosas como las que he narrado brevemente arriba.

A lo que en realidad me gustaría llegar, es a hacerle ver a quienes estudian homeopatía, cuantas cosas se pueden dejar atrás con tal de estudiar y practicar homeopatía en la forma que es debida. A veces me decepciono, y confieso que hasta me disgusto, por la falta de decisión que muestran la mayoría de los estudiantes para abandonar corrientes falsamente denominadas como “homeopatía” o para ver con ojos de verdad la situación de la homeopatía como terapia. Me pregunto, ¿qué es lo que les hace falta para tomar una decisión que es tan importante a fin de preservar éste sistema como la ciencia médica que es en realidad? ¿Valor? ¿Desapego? ¡No hay congruencia! Miren en que niveles estamos. No podemos ni mencionar el nombre de ciertas “divinidades”, porque si decimos Kent muchos hasta se persignan, decimos Vithoulkas y la gente organiza cánticos casi religiosos, decimos Sankaran y sienten que levitan; u Ortega y con suerte no te ponen un madrazo (golpe) por tener la insolencia de siquiera haber mencionado su nombre.

No  se trata de fabricar Gurús, ni siquiera en la persona del propio Hahnemann, sino de estudiar las fuentes originales para comprender como se originaron desde la inductividad la metodología de la toma del caso, análisis, individualización de la dosis y la repetición, la teoría de la enfermedad crónica  y las bases de datos de las principales herramientas como la Materia Medica Pura y el Repertorio (TPB) de Boenninghausen; para entonces si darle honor a quien honor merece.

De cualquier modo, la decepción y el disgusto no llegan a hacer que me arrepienta, porque volvería a estudiar genuina homeopatía tan sólo por los beneficios que ello ha significado en la propia familia, aun y cuando nunca hubiera visto un solo paciente, y aún y cuando nadie hubiera puesto oídos a nuestros testimonios.

Aun así, los motivantes están ahí. Conocer a personas que con humildad y pese a los años encima que conllevan a vasta experiencia, currículo, y conocimiento, aceptan la necesidad de hacer un cambio en su práctica merecen todo mi respeto, porque nadie les quita las bondades que mucha gente ha recibido de ellos, sin embargo están ahí, escuchando, estudiando, alertas para trascender a los errores y queriendo hacer las cosas de la mejor manera, develando su evidente deseo de bienestar en sus pacientes que se traduce en un genuino amor al prójimo.

Para concluir; lo que pienso es que si una persona puede dejar tantas cosas atrás por convicción como ya algunos más lo están haciendo, entonces muchos lo pueden hacer.

No tomen en cuenta el modo en que me he expresado, sino la intención, es en buena onda colegas.

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